Estudiantes, investigadores y trabajadores por turnos recurren a menudo a sustancias que les ayuden a concentrarse mejor y a aumentar su rendimiento, entre ellas la cafeína.

Un estudio publicado recientemente pone en sobre aviso la práctica frecuente en algunos sectores de la sociedad de utilizar ciertos medicamentos o sustancias que mejoran el rendimiento, aunque no incrementan la inteligencia. A pesar de que en su mayoría se trata de sustancias legales, su uso no está exento de efectos secundarios como alteración de la conducta, con cambios bruscos de humor, irritabilidad, trastornos del sueño e, incluso, trastornos paranoides.

No obstante, encontrar un fármaco que mejore las capacidades cognitivas sin efectos secundarios es un objetivo loable, sobre todo enfocado como terapia para el declive intelectual de las personas mayores. En este sentido, muchas de las investigaciones apuntan en dirección al glutamato, un neurotransmisor que interviene en los procesos de memorización y aprendizaje.

El debate ético

El uso de medicamentos para mejorar el rendimiento intelectual ha abierto un debate que oscila desde posiciones más conservadoras a otras más liberales: ¿por qué resulta ético utilizar fármacos para mejorar las capacidades intelectuales en los mayores y en cambio no se aceptan en personas más jóvenes? Y si no fueran adictivos ni tuvieran efectos secundarios, ¿sería entonces aceptable? Si se controla el dopaje deportivo, ¿por qué no hacerlo entre los científicos que compiten por conseguir becas o ayudas?

Un comité científico que asesora al Gobierno británico ha elaborado varios informes sobre el uso de estas sustancias tanto sobre la salud individual como sobre la sociedad. A pesar de que reconocen sus propiedades, creen necesario realizar más estudios para evaluar las consecuencias de su consumo en personas sanas. Apuntan también que es necesario determinar en qué personas sería adecuado su uso, desde militares, estudiantes, hasta trabajadores por turnos

Utilizar la dieta para rendir mejor

Nuestra dieta es básica en el rendimiento intelectual. Por este motivo, es fundamental seguir una dieta rica y equilibrada para poder mantener el organismo con niveles óptimos de diversos componentes esenciales para el cerebro. La glucosa es la principal fuente de energía para el sistema nervioso por lo que es recomendable un aporte adecuado si se está efectuando un trabajo intelectual. Las sales minerales también son importantes; hierro, fósforo, magnesio, selenio y zinc mantienen unos niveles adecuados y suficientes si se sigue una dieta variada.

Determinadas sustancias que pueden encontrarse en una dieta equilibrada pueden potenciar el rendimiento intelectual. Uno de los más utilizados es la cafeína. Su rápida absorción (nivel máximo en sangre tras una hora de su consumo) y duración de dos a 12 horas, la han convertido en el estimulante más utilizado en todo el mundo. Encontramos cafeína principalmente en el café, té, chocolate, en refrescos de cola y en algunas bebidas energizantes.

Otro estimulante muy utilizado es el ginkgo biloba. Una sustancia que se extrae de las hojas del ginko, un árbol cuyas propiedades ya eran conocidas y empleadas en tiempos antiguos por la medicina oriental. El ginko biloba incrementa el flujo sanguíneo cerebral y activa la producción de algunos neurotransmisores indispensables para un óptimo rendimiento. También facilita la síntesis de ATP (molécula que proporciona la energía química a todas las células del organismo) y tiene propiedades antioxidantes.

Por último, se halla la sulbutiamina, un derivado sintético de la vitamina B1 pero con efectos más marcados. Sus propiedades son parecidas a las de la cafeína, pues aumenta la resistencia a la fatiga, disminuye la sensación de sueño y estimula la memoria. Está indicada para personas con trastornos de memoria y trastornos psicosomáticos, depresión, apatía y astenia.